No hay que desanimarse
Como inmigrante que soy, a pesar de llevar ya mucho tiempo en estás gélidas tierras, se supondría ya debería tener una sólida coraza; pero creanme que uno no termina por acostumbrarse, incluso varias generaciones atrás, los primeros colonos no lo habrían logrado sin fe y sin la fuerza de su familia o de personas que vivían la misma situación de ellos. Es más, los nativos Americanos eran nómadas y buscaban permanentemente tierras propicias junto a su grupo tribal. Buscaban tierras donde poder sembrar y sobrevivir.
Por ello es tan importante de pertenecer a un grupo, un clan una familia, ser protegido y aportar en la medida de nuestras capacidades pero con generosidad, persiguiendo un bien mayor, un beneficio de grupo en donde mi individualidad sea respetada pero mi aporte al grupo sea satisfactorio , física, moral y espiritualmente. Si ya estoy mayor, la fuerza no es mi mayor aporte, pero en cambio sí lo es mi experiencia de vida y mi relación espiritual con el Creador.
En esencia esa experiencia se traduce en ese aporte no cuantificable aritméticamente pero sí de forma intangible y espiritual. Veo con tristeza que en estas sociedades mal llamadas desarrolladas, la separación por edades o por lo que materializan como productivo, desdeña el apreciar y valorar la experiencia o la noción espiritual de un ser superior que en mi caso y como Cristiana, concibo como mi relación con Dios, que traduzco como la fortaleza y los valores que quiero transmitir a mis hijos y a los más jóvenes.
Esa fortaleza espiritual y ese conocimiento transmitido nos permite una comprensión de las dificultades de la vida y de adaptarse al entorno, muchas veces no receptivo, quizás árido pero que podemos transformar para bien de todos. No hablo de cultos o rituales, hablo de actitud positiva hacia nosotros mismos y hacia otros. Para integrarnos y superar las dificultades de adaptación, incluso para no congelarnos, tenemos que tener relaciones personales armoniosas, amar a Dios y a nosotros mismos y desarrollar un sentido de propósito.
Es nuestra propia responsabilidad lograrlo, por eso no hay que desanimarse, yo sé que los obstáculos son muchos. el clima y la falta de oportunidades para quien llega con una cultura diferente, muchas veces desconocen nuestra educación y nos toca asumir trabajos que nunca hubiéramos pensado. Debemos mantenernos y perseverar en nuestro objetivo. Hemos venido a aportar, confiemos en nuestra fuerza interna, esa que mantuvo a Moises en el camino. Nuestros hijos con nuestro ejemplo y la confianza en Dios, serán más fuertes porque han tenido que enfrentar los mas duros combates y van a salir fortalecidos.
Cuando tenemos un propósito y perseveramos porque tenemos confianza , la vida es más que simplemente sobrevivir y la superación de todos los obstáculos que hemos debido enfrentar nos anima a alcanzar el gozo de sacar nuestros hijos adelante y verlos realizados y plenos. Valoro el camino, he luchado he visto y puedo comparar con criterio, seguramente he enfrentado el frío en todas sus manifestaciones, he construido. Ahora tengo un bagaje de experiencias y una fe fortalecida, voy a regresar porque ahora puedo comparar, pero con mucho aprendizaje. Persevero en mi propósito hace falta ya poco así que no puedo desistir, voy a lograrlo tengo que pasar el curso y luego me regreso a donde mi aprendizaje sea valorado, a donde me sienta que pertenezco, donde el clima sea suave, haya colores diversos en flores y aves, pueda aportar y se valore mi experiencia junto a los míos, ver a mis hijos volar y hechos hombres de bien.
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